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Venezuela, el terremoto y el bienestar emocional: cómo sostenerse cuando todo duele

30 jun
4 min de lectura

BIENESTAR EMOCIONAL · DUELO COLECTIVO


Para Tony, mi cuñado venezolano que es de la Guaira y que lleva a Venezuela en el alma dondequiera que esté. Para mis amigas Inglevis, para Maru, para Patty Sánchez y para todos mis amigos venezolanos — para los que están allá viviendo esto en carne propia, y los que están acá sintiendo el dolor desde lejos. Este artículo es para ustedes. Con todo mi cariño.


Venezuela, el terremoto y el bienestar emocional: cómo sostenerse cuando todo duele

 

Quiero escribir este artículo desde un lugar muy honesto: no soy venezolana, pero Venezuela me importa profundamente. Está en mi familia, en mis amigos, en conversaciones que me han marcado. Y en los últimos días, mientras seguía las noticias del terremoto con el corazón apretado, me reuní con mi amiga Patty Sánchez y me dijo esta frase, y  que no pude contener, y lloramos juntas.


"Marisela, yo no entiendo qué hicimos nosotros los venezolanos para merecer tanto castigo y tanto dolor."

— Patty Sánchez, venezolana


Patty Sanchez y Marisela Vásquez

Esa frase me detuvo. Me la quedé pensando mucho tiempo. Porque no es una queja — es una pregunta que nace desde el agotamiento más profundo. Desde años de incertidumbre política, crisis económica, migración forzada, y ahora esto: la tierra misma moviéndose bajo los pies.


No tengo respuesta para la pregunta de Patty. Nadie la tiene. Pero sí tengo algo que decirle a ella, a Tony, a Inglevis, a Maru y a cada venezolano que hoy se siente al límite: lo que sienten es completamente válido. Y también hay una manera de sostenerse.


Lo que pasa en el cuerpo y la mente después de un desastre

Un terremoto no solo destruye estructuras. Destruye la sensación de seguridad más básica que tiene el ser humano: que el suelo donde pisas es firme. Después de algo así, el sistema nervioso queda en estado de alerta máxima. Insomnio, ansiedad, dificultad para concentrarse, irritabilidad, llanto sin razón aparente, sensación de irrealidad. Todo eso es normal. No es debilidad — es el cuerpo procesando lo que la mente todavía no puede.


Y en Venezuela esto se suma a una carga emocional que ya venía de años: nueve de cada diez venezolanos presentan algún grado de vulnerabilidad emocional. No porque sean frágiles. Sino porque llevan demasiado tiempo aguantando demasiado.

Patty Sanchez y Marisela Vásquez

"No es lo que hicieron. Es lo que están viviendo. Y hay una diferencia enorme entre merecer el dolor y tener que atravesarlo."


El duelo colectivo también es un duelo real

Cuando una comunidad entera sufre, el duelo se vuelve colectivo. Y ese tipo de duelo es especialmente difícil porque no hay un espacio claro para procesarlo — la vida sigue exigiendo, las noticias siguen llegando, y muchos sienten que no tienen permiso para detenerse a sentir.


Pero el duelo que no se procesa no desaparece. Se instala en el cuerpo. Se convierte en tensión crónica, en agotamiento inexplicable, en distancia emocional. Por eso, hacer espacio para sentir no es un lujo — es una necesidad de salud.


Hoy quiero darles herramientas concretas que los pueen ayudar cuando el dolor es muy grande:

  • Permítete sentir sin juzgarte. Tristeza, rabia, miedo, confusión — todo eso es parte de procesar algo enorme. No hay que estar bien antes de tiempo.

  • Limita el consumo de noticias. Informarse sí, pero en dosis. Pasar horas viendo imágenes del desastre no te hace más solidario — te daña emocionalmente y agota tu capacidad de estar presente.

  • Busca a alguien con quien hablar. La conexión humana es el antídoto más poderoso que existe. No lo subestimes.

  • Cuida lo básico con intención. Comer, dormir, moverse, respirar. Cuando el mundo de afuera está caótico, mantener una rutina corporal básica le da al sistema nervioso señales de que todavía hay algo estable.


Si estás lejos de Venezuela y te sientes impotente

Eso también es válido. Ver sufrir a los que amas desde la distancia tiene su propio peso. Puedes ayudar desde donde estás — donando, compartiendo, llamando, estando presente aunque sea por teléfono. Y también puedes cuidarte tú, porque tu bienestar no es indiferencia. Es lo que te permite seguir dando.


Volver a ti no es olvidar lo que pasó

Volver a ti no significa actuar como si nada. Significa encontrar, en medio del dolor, un pequeño espacio interno que nadie puede destruir — ni la crisis, ni la incertidumbre, ni el temblor de la tierra.


Ese espacio existe. Y aprender a habitarlo, aunque sea por momentos, es uno de los actos más valientes que puede hacer una persona que ha vivido tanto.

 

Tony, Patty,  Inglevis, Maru y todos mis amigos venezolanos:

no hicieron nada para merecer esto.

Nadie merece tanto dolor.


Pero los veo. Los admiro. Y sé — con toda la certeza que me da conocerlos —

que en Venezuela hay una fortaleza que la tierra no puede sacudir.


Vamos a seguir con un momento a la vez y si fuera necesario vamos con segundos a las vez, les doy mi amor desde mi tierra Panamá, esta tierra que también es de ustedes, esta tierra que los ama con el corazón!


— Los abrazo Marisela

 
 
 

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